La Runa

Capítulo I La Ciudad Maldita

Y con la Espada Sombría en una mano y la Piedra Fénix en la otra, Talia, comenzó a caminar por el Valle de Fuego, hacia el portal de Paramo Gris. El demonio Mul-Boragh había sido destruido y las Tierras del Oeste estaban libres de su control. Cuatro meses habían sido necesarios para preparar la lucha contra Mul-Boragh, pero había valido la pena. La muerte del demonio significaba un paso más para la batalla final contra Belial y Hokan Asir. Mul-Boragh había sido el segundo al mando del ejército de muertos de Hokan. Trayendo con el miles de demonios de las Islas Negras. Ahora que su cabeza rodaba por el suelo, los portales invocados desaparecieron, y La Orden de la Aurora mataría a los pocos demonios que quedaban. Sin demonios el ejército de Hokan menguaría a números pequeños y sería fácil de destruir.
 Pero aún quedaba algo por hacer antes de enfrentarse a Belial y a Hokan. Talia tenían que viajar a los Reinos de Xu y destruir las Ruinas de Uldum, de donde precedían la mayoría de los muertos del ejército de Hokan. Poco a poco abandono el Valle de Fuego y se dirigió a la ciudad de Paramo Gris. Donde por seguro quedaría un monumento de teletraspotacion que la llevaría a Empiria, la capital de Xu. Aparte Talia tenía que hablar con Sartarius, el maestro de la Orden de la Aurora. Debía pedirle algunos caballeros para que la acompañaran a Empiria, que se había convertido en una tierra hostil. El emperador de Xu trabajaba para Belial y había puesto precio a la cabeza de Talia. Sartarius le había entregado un escuadrón de caballeros entrenados para que la protegieran por Xu. En mitad de la ciudad quedaba un monumento, con su magia de la Runa se teletransportó a las afueras de la Ciudad Maldita junto a sus caballeros.
 La Ciudad Maldita era la antigua capital de Xu, cercana a Empiria. En la que ahora reinaba el caos, y el Fial-Darg. Su tierra era árida y ni los fantasmas osaban vagar por ese desolado paisaje. El Fial-Darg era un ser demoniaco, creado por almas de guerreros y magos que sirvieron al Círculo. Talia ya había luchado contra él para conseguir la Espada Sombría, pero al ser un conjunto de almas el Fial-Darg no podía ser derrotado nunca. Y una vez muerto resurgía de la Capilla Maldita y volvía a ser vigía de las calles de la ciudad. El pequeño escuadrón debía pasar inadvertido de los ojos del Fial-Darg. La única capaz de derrotarlo era Talia con la Espada Sombría, pero necesitaba a sus caballeros de la Runa, y tampoco había tiempo que perder.
Viajar por las calles de la Ciudad Maldita no era una tarea sencilla. Aparte de evitar al Fial-Darg el escuadrón debía matar a cualquier zombi, esqueleto o monstruo sin que dieran la alarma. Si el Fial-Darg se enteraba que estaban allí, mandaría una horda tan grande que todo el escuadrón moriría. Los esqueletos eran fáciles de derrotar, sus huesos de desmontaban con tan solo un par de golpes. Los más difíciles sin embargo eran las sirenas negras. Mujeres aladas con poderes psíquico que hacían volverse loco a cualquiera. Y por si fuera poco, los fantasmas blancos protegían los portales por donde salían los monstruos. Los fantasmas blancos era una especie de goblin zombi, capaz de correr distancias largas en pocos segundos. Por lo que Taliha y los demás debían matarlos rápido antes de que pudieran echar a correr.
Pasaron las horas y aún seguían en la ciudad. Los caballeros empezaban a desesperarse debido a las maldiciones de las sirenas negras. Habían optado por ir por las calles más lejanas del centro de la ciudad donde se encontraba la Capilla Maldita y el Fial-Darg. Pero ese desvió les había costado mucho tiempo y se habían perdido. Talia empezó a notar como las maldiciones se cernían sobre su cabeza, y empezó a desorientarse y a desviarse del camino. Sin darse cuenta los caballeros se habían dirigido al centro, y cada vez costaba más librarse de los pequeños grupos de enemigos que se hacían cada vez más grandes. Talia decidió entrar en una de las casas medio derrumbadas para abrir su mapa y buscar una salida. Talia no recordaba que la ciudad fuera tan grande, ni que el poder de las sirenas le afectara tanto, la Espada Sombría estaba afectándola y se notaba.
Mientras miraban los mapas, dos de los caballeros oyeron un susurro en las calles y salieron a investigar. Era el sollozo de una niña pequeña que resonaba en lo lejano. Sin poder evitarlo se vieron atraídos por el llanto y comenzaron a alejarse de la seguridad del grupo. Un fantasma blanco les seguía por las calles, escondido en las sombras, espiándoles y buscando a más caballeros. Los caballeros se despertaron del trance del llanto y bruscamente se dieron cuenta que estaban rodeados de sirenas negras, cabezas rocosas y zombis carniceros. ¡Las sirenas les habían traído hacia una trampa! Las cabezas rocosas les lanzaron rayos de muerte y los zombis carniceros les arrancaron los miembros. El fantasma blanco corrió hacia el Fial-Darg para alertarle.
Mientras, Talia y los demás encontraron un atajo para salir de la ciudad sin tener que volver hacia atrás ni pasar por la Capilla Maldita. Pero justo cuando terminaron de guardar los mapas y recoger sus armas sonaron unos chillidos espantosos y agonizantes de los caballeros extraviados. Algunos de los caballeros quisieron ir a salvarles, pero Talia, que estaba al mando del escuadrón, decidió huir antes de que vinieran a por ellos. Pronto tendrían a toda la ciudad encima de ellos, y nadie podría salvarles de eso.
Salieron a toda prisa, algunos zombis ya les seguían y más y más venían a por ellos. Todos corrían, todos seguían a Talia. Algunos empezaban a quedarse atrás, pero preferían seguir corriendo pese a los dolores de las piernas, antes que ser descuartizados vivos por los monstruos. Si no conseguían ser más rápidos de por seguro les alcanzarían, asique, algunos tiraron sus suministros a los zombis, y al estar más ligeros corrieron más rápido. Torcieron un par de calles y ya veían la salida. Mientras cruzaran el umbral de la puerta estarían a salvo. La ciudad estaba maldita, permitiendo a los monstruos de la oscuridad rondar a sus anchas, pero al otro lado, la tierra estaba limpia y no podían pisarla.
Los más rápidos caballeros ya habían cruzado, Talia también había llegado, pero al darse cuenta de que algunos aún seguían corriendo, salió corriendo hacia los monstruos para darles unos segundos más a los que quedaban. Talia blandió su espada y empezó a rebanar cabezas. Esquivo los rayos de las cabezas rocosas, y les clavo su espada en la frente. Algunos de los zombis llevaban machetas e intentaron cortarla, pero Talia era demasiado rápida para sus movimientos y les rebano el pescuezo en segundos.
Los caballeros, que ya habían cruzado el umbral, gritaron a Talia que volviese con ellos, y esta así hizo. Al llegar miro a la calle, ahora llena de monstruos y cuerpos esparcidos, y contemplo al Fial-Darg. Se sonrió a si misma por haber logrado salir antes de tener que enfrentarse al Fial-Darg. E intento animar un poco al resto del grupo, que lamentaba haber perdido a dos de sus amigos. El Fial-Darg se acercó a ellos, y al otro lado de las ruinas de la puerta les dijo “La primera vez que nos vimos me mataste Talia. La segunda huiste. La tercera no tendrás tanta suerte”. Talia se rio y empezó a caminar hacia Empiria. Los caballeros miraron intimidados al Fial-Darg y siguieron a la Runa.

Comments

  1. Me encanto, desearía poder ver más partes de la misma o la historia en que concluye, me encanto la traducción de las ciudades. Porfavor, estaría super agradecido de poder leer más de tan linda obra.

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